-¿Qué ves ahora?- Me preguntó aquel hombre.
Con una poca de indecisión y mucha seguridad al mismo tiempo, contesté:
- Estoy en un cuarto oscuro, sólo veo mi silueta- Cerré los ojos. -; hay una flama dorada de mi tamaño justo frente a mí. Ilumina tenuemente toda la habitación...
- Excelente- dijo el hombre, sonriendo. -Ahora, toca tu cabeza mientras piensas en ella.
Hice como dijo el hombre, mientras la recordaba... Sus ojos, su boca... su forma de ser... cada abrazo y cada beso que nos dimos... Y llevé mi mano a mi cabeza. En mi visión, mi silueta hizo lo mismo. Pero mi silueta sacó un pequeño polvo azul que brillaba.
- Ahora, lanza tus recuerdos a la gran flama- dijo el hombre.
Mi silueta en mi visión lanzó el puñado de polvo a la flama enorme, y salió humo púrpura, que el viento se llevaba a la oscura eternidad.
- Estás listo. La has dejado ir. Todos tus recuerdos han sido quemados y sus pequeños restos se los ha llevado el viento a un lugar en el que nunca los lograrás alcanzar. Estás completamente liberado de sus cadenas, y ahora eres un ser libre.
Era una sensación maravillosa. El no depender de nadie para ser feliz, el tener la seguridad de que siempre habrá alguien más me daba fuerza. Ella se ha ido para siempre, y no hay vuelta atrás, no importa lo que pase.
Ahora, puedo mirarla sin caer enamorado. Ahora, puedo escuchar su nombre y no comenzar a fantasear despierto. Porque prendí fuego a los recuerdos, y eché al viento los sentimientos....
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