martes, 16 de marzo de 2010

S.O.S

Pensé que sabía lo que era el sufrimiento. Pensé que sabía lo que era la angustia, la impaciencia, el miedo... Pensaba que era tolerante, pensaba que los impulsos estaban lejos de mí... Pensaba conocer la incertidumbre, pensaba que conocía la oscuridad de pies a cabeza, pensaba que sabía lo que era vivir a medias...
Pero todo lo que conocía se reduce a conocer lo básico, lo simple, lo minimalista... Nunca antes había experimentado esta sensación, esta necesidad por estar en constante movimiento, por engañar a mi mente manteniéndola ocupada en las tareas mas idiotas, como caminar en círculos en mi habitación. Nunca antes había sentido la necesidad de no estar solo, de no escuchar música, de no leer, de no saber de nada más que de mi habitación dando vueltas alrededor de mí. Porque todo, cualquier detalle, incluso el olor familiar de mi habitación el cual es lo único que debo soportar, me recuerda a tí. El ver a través de la ventana, el oír la lluvia, música, leer anuncios o revistas, en todas partes estás tú. Y tú, en este momento, no quieres estar conmigo...

Alguien inyécteme algo de vida... Alguien convénzame de que el tiempo puede pasar más rápido de como lo estoy percibiendo, como si cada segundo fuera una hora... Alguien deme algún color, quítenme lo gris, lo inerte, pónganme una sonrisa en el rostro, aunque sea por minutos...

Te necesito aquí, y ya no sé a quien mandarle mensajes de ayuda... Ya no sé...

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